Soy de los que piensan que si pudiera por un momento sentir el dolor que mi mujer sintió durante las 32 largas horas de dilatación y parto previas al nacimiento de María, lo haría con los ojos cerrados. Sobre todo después de ver el sufrimiento tan grande que supone para una mujer traer al mundo al milagro de la vida..................


Mi mujer y todas las madres del mundo, deberían tener un monumento en una plaza, pero desgraciadamente, creo que no hay plazas suficientes en el mundo para hacerles el honor que se merecen por dar la vida a nuestros hijos.

El día 6 después de la visita a nuestro querido ginecólogo el Doctor Espinosa, jefe de Ginecología del Hospital Quirón de Madrid (he de dar las gracias a mi hermana Olga por conseguirnos a esta eminencia de la ginecología, porque soy consciente de lo difícil que es acceder a él), nos comunicó que si queríamos intentar por todos lo medios que la niña naciera de forma natural, deberíamos ingresar ya, para comenzar la larga y dura etapa de dilatación. Nosotros conscientes de la dificultad que supone para una chica pequeña de caderas como Mini (mi mujer), el parir a un bebé de 4kg, accedimos a sabiendas de que podría acabar en Cesárea.

El día 6 trascurrió como se esperaba, con dolor y manipulaciones de la matrona continuas para seguir con detalle el progreso del dichoso útero del 33.3% de mi vida (mi mujer,otro 33,3% Franky y el restante 33.3% María).

La noche pasó lenta y por fin llegó el día previsto de parto, concretamente a las 8 de la mañana. En ese momento comenzó la temida y esperanzadora Oxitocina, que para los no duchos en la materia de la dilatación uterina, os diré que es una hormona que la mujer segrega de forma natural para favorecer las contracciones, pero que se utiliza de forma artificial para adelantar o forzar partos más programados.

El día se convirtió en un ir y venir de médicos y enfermeras, visualizando aparatos que nos informaban del estado de la niña, del estado de las contracciones y del estado de la madre, el único estado que era una incógnita era el mío, que como siempre se convirtió en la mente más despejada que intentaba quitar importancia a las cosas que iban ocurriendo con el fin de ayudar en lo posible al nerviosismo familiar que se vivía en la habitación del hospital.

Tras muchas horas de Oxitocina, el útero seguía igual, al parecer la cabeza de la niña no estaba colocada porque al ser tan grande, no tenía la intención de salir por el conducto natural de las mujeres.

La opción en ese momento, 5pm, era la rotura manual de la bolsa. Dos horas después de tal manipulación, la cabeza estaba en donde Pedro perdió su zapatilla y con ninguna intención de pasar por el cansado y dolorido cuello del útero de mi mujer. Hay que ver lo que son los bebés antes de nacer, si no hay sitio, no pasan, en cambio cuando nacen, hay que estar pendientes porque son capaces de tirarse de donde primero pillan sin conocimiento alguno del daño que se pueden ocasionar, paradojas de la vida.

Al final, epidural, dos veces, raquis y cesárea y vamos para el quirófano. En el preciso momento en el que ibamos a entrar (digo íbamos en sentido figurado porque a mí no me dejaban pasar), una urgencia de una embarazada gemelar que paría de forma natural. Yo quiero aprovechar para informar a las futuras madres, que si piensan en el parto natural sin anestesia porque quieren sentirlo todo al ver llegar a su hijo, que se peguen con un martillo en la cabeza y que cuando sientan ese dolor, sabrán lo que es el 10% del dolor que sentía esa mujer en el paritorio intentando traer a sus gemelos a este mundo. A buen seguro que se lo pensarán dos veces antes y si entonces quieren pasarlo, adelante y enhorabuena.

Tuvimos que esperar dos horas más a que la pobre mujer diera a luz a sus dos hijitos para que al definitivamente mi mujer pudiera entrar en su esperada sala de partos, a ver si María que con sus tranquilas 140 pulsaciones por minuto tenía el detalle de aparecer, ya que todo indicaba que no tenía mucha prisa por salir. Agradezco a la matrona que nos asistía, el detalle de que cada 5 minutos saliera para informarme de los acontecimientos, conforme iban sucediendo.

A las 20,45 del día 7 de Septiembre del año 2011 nacía mi niña, la niña de mis ojos que al salir por la puerta en los brazos de la enfermera, hizo que mi cuerpo se estremeciera y mis lágrimas recorrieran mis mejillas pareciendo un bebé que reclamaba los brazos de su madre. Puede tener más de media hora a mi hija en brazos nada más nacer y es el recuerdo más bonito que recordará para toda mi vida, porque después de tanto sufrimiento e incertidumbre, la luz se hizo y las penas se pasaron, María Murcia López había llegado a este mundo a traer felicidad a los que tan ansiosos esperabamos.

A Mini(Carolina) se la tuvieron que llevar durante 5 horas más a la sala de reanimación porque había perdido mucha sangre y necesitaba hierro en vena. Al salir del paritorio y dirigirse a esta sala, solo pude mirarle y dedicarle una sonrisa llena de lágrimas que dejaban claramente ver que lo que quería transmitirle, no era más que, GRACIAS POR LO QUE HAS HECHO Y SIENTO NO HABER SIDO YO EL QUE HAYA SUFRIDO TU DOLOR".

Quiero a mi mujer más que a mi vida y cambiaria su dolor por el mío, y nunca podré tener palabras suficientes de agradecimiento por el esfuerzo que ha hecho por nuestra hija.

Franky, mi hijo, estuvo 12 horas en el hospital esperando al nacimiento de su hermana, sufriendo igual que todos los demás las consecuencias del cansancio y la larga espera. Creo que no se puede tener un hijo con el corazón más grande que el de Franky, cuando cogió a su hermana en brazos por primera vez, rompió a llorar de la emoción y los nervios.

Tengo una gran familia y le doy las gracias a Dios y a los que han hecho posible que la tenga porque me hacen una persona afortunada y feliz.

Espero que nadie intente nunca poner en riesgo la estabilidad y felicidad de mi familia, porque no soy de los que dicen que "por mi hija mato", pero si que puedo asegurar con el corazón en la mano, que "POR MI FAMILIA, DOY LA VIDA".

A todos mis lectores, gracias por permitirme compartir mi felicidad con vosotros.

Tan solo me queda dar la bienvenida a nuestro mundo a con 0 años de edad, 4,330kg de peso y 53cm de estatura, aaaaaaaaa......

María Murcia López. "MI HIJA"

Actualizado (Domingo, 18 de Septiembre de 2011 09:40)